Una de las hierbas que más me gusta, es una delicia oler hierbabuena fresca y recién cortada. Yo tenía una maceta que me daba una hierbabuena maravillosa y la maté (sigo llorando) al ponerle una tierra muy densa. No he podido recuperar una planta buena desde entonces. Es de mucho sol y mucha agua. Esto tratando que que la nueva crezca tan bonito como la otra.

Mientras tanto tengo mi dotación de hierbabuena seca en la despensa, bien guardada en un recipiente hermético.
Para secarla solo hay que podarla desde la base de la vara y lavarla en el chorro de agua fría, escurrirla y ponerla primero entre hojas de servilletas o papel absorbente. Después yo la paso a unas rejillas (las que se usan para enfriar galletas) o bien puede dejarse sobre una bolsa de papel al ambiente de la cocina. No hay necesidad de sacar al sol (se puede llenar de animales o los pájaros se la pueden llevar). Se le va dando vueltas conforme pasan los días.

Cuando ya está muy seca, se separan las hojas de las ramitas, así con la mano, de manera burda no pasa nada y se meten a un recipiente hermético a la despensa.

La maravilla es que cuando se va a usar «revive» su sabor incluso de un modo más concentrado que fresca. Se puede poner en caldos y se rehidrata un poco soltando su sabor o bien, triturar entre las manos para que caiga como «polvo» sobre lo que estemos preparando.

2 comentarios
Gracias
Fantástica enseñanza
Un saludo
Gladys
Siempre la tengo en la despensa. Saludos!